domingo, 25 de marzo de 2012

UN EJEMPLO MATEMÁTICO

En este diálogo platónico, Sócrates, empleando el método mayéutico con un esclavo, trata de demostrar a Menón la teoría de la reminiscencia, es decir, que es posible recordar lo que ya ha sido aprendido en otras vidas. Para ello utiliza un ejemplo matemático. Esto es sólo el principio del pasaje:

SÓC. - ¿Es griego y habla griego?
MEN. - Perfectamente; nació en mi casa.
SÓC. - Pon entonces atención para ver qué te parece lo que hace: si recuerda o está aprendiendo de mí.
MEN. - Así haré.
SÓC. - (Al servidor.) Dime entonces, muchacho, ¿conoces que una superficie cuadrada es una figura así? (La dibuja.)
SERVIDOR . - Yo sí.
SÓC. - ¿Es, pues, el cuadrado, una superficie que tiene todas estas líneas iguales, que son cuatro?
SERVIDOR. - Perfectamente.
SÓC. - ¿No tienen también iguales estas trazadas por el medio?
SERVIDOR. - Sí.
SOC. - ¿Y no podría una superficie como ésta ser mayor o menor?
SERVIDOR. - Desde luego.
SÓC. - Si este lado fuera de dos pies y este otro también de dos, ¿cuántos pies tendría el todo? Míralo así: si fuera por aquí de dos pies y por allí de uno solo, ¿no sería la superficie de una vez dos pies?
SERVIDOR. – Sí.
SÓC. - Pero puesto que es de dos pies también aquí, ¿qué otra cosa que dos veces dos resulta?
SERVIDOR. – Así es.
SÓC. - Luego resulta, ciertamente, dos veces dos pies?
SERVIDOR. - Sí.
SÓC. -¿Cuánto es entonces dos veces dos pies? Cuéntalo y dilo.
SERVIDOR.- Cuatro, Sócrates.
SÓC. -¿Y podría haber otra superficie, el doble de ésta, pero con una figura similar, es decir, teniendo todas las líneas iguales como ésta?
SERVlDOR. - Sí.
SÓC. -¿Cuántos pies tendrá?
SERVIDOR. - Ocho.
SÓC. – Vamos, trata ahora de decirme cuál será el largo que tendrá cada una de sus líneas. Las de ésta tienen dos pies, ¿pero las de ésa que es doble?
SERVIDOR. - Evidentemente, Sócrates, el doble.
SÓC. -¿Ves, Menón, que yo no le enseño nada, sino que le pregunto todo. Y ahora él cree saber cuál es el largo del lado del que resultará una superficie de ocho pies, ¿o no te parece?
(...)



PLATÓN.  Menón, 82b-e. Traducción de J. Calonge Ruiz, E. Acosta Méndez, F. J. Olivieri y J. L. Calvo. Diálogos, vol. II. Gredos: Madrid, 1987



miércoles, 15 de febrero de 2012

PALABRAS Y NÚMEROS


Gloria Fuertes
(España)


PALABRAS Y NÚMEROS

En el cielo una luna se divierte.
En el suelo dos bueyes van cansados. 
En el borde del río nace el musgo. 
En el pozo hay tres peces condenados. 
En el seco sendero hay cuatro olivos, 
en el peral pequeño, cinco pájaros, 
seis ovejas en el redil del pobre, 
—en su zurrón duermen siete pecados—
Ocho meses tarda en nacer el trigo, 
nueve días tan solo el cucaracho; 
diez estrellas cuento junto al chopo. 
Once años tenía, 
doce meses hace que te espero, 
por este paraguas trece duros pago.

jueves, 2 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska. El Número Pi


Ha fallecido hoy la poeta polaca Wislawa Szymborska. Sirva de afán por promover su lectura –o relectura– este poema que la galardonada con el Premio Nobel dedicó al número π.

El Número Pi


El número Pi es digno de admiración
tres coma uno cuatro uno
todas sus cifras siguientes también son iniciales
cinco nueve dos, porque nunca se termina.
No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco
con un cálculo ocho nueve
con la imaginación siete nueve
o en broma tres dos tres, es decir, por comparación
ocho cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres en el mundo.
La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe
Igualmente, aunque un poco más tarde, hacen las serpientes fabulosas
El cortejo de cifras que forman el número Pi
no se detiene en el margen de un folio,
es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,
a través del muro, de una hoja, del nido de un pajaro,
de las nubes, directamente al cielo
a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.
Oh, qué corta es la cola del cometa, como la de un ratón!
Qué frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!
Pero aquí dos tres quince trescientos noventa
mi número de télefono la talla de tu camisa
año mil novecientos setenta y tres sexto piso
número de habitantes sesenta y cinco céntimos
la medida de la cadera dos dedos la charada y el código
en el que mi ruiseñor vuela y canta
y pide un comportamiento tranquilo
tambien transcurren la tierra y el cielo
pero no el número Pi, este no,
él es todavía un buen cinco
no es un ocho cualquiera
ni el último siete
metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa eternidad
para la permanencia.

domingo, 8 de enero de 2012

EL ESPACIO, EL CUERPO Y LA EMOCIÓN, o Pornografía barata, de Andrés Lima.

DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: Andrés Lima
ESPACIO ESCÉNICO Y VESTUARIO: Beatriz San Juan
ILUMINACIÓN: Walter Scopherbill
MÚSICA: Nick Powell
PRODUCCIÓN: Alberto Zárate, Animalario.
REPARTO: Roberto Álamo, Noelia Castaño, Pilar Castro, Javier Gutiérrez, Nathalie Poza, Alberto San Juan y Guillermo Toledo.


Detrás de un título que puede parecer vulgar se esconde una atrevida propuesta teatral a la que la compañía Animalario se lanzó con el comienzo del siglo XXI. Pornografía barata abraza cronológicamente Alejandro y Ana (2003), pues fue estrenada unos meses antes en La casa del Olivar y, una vez calmadas las aguas del revuelo mediático que acompañó a esta [1], se repuso en el Teatro de la Abadía.
El escaso número de funciones –comparado con otros espectáculos de Animalario– responde a la naturaleza impúdica e íntima del espectáculo así como a la tendencia de Andrés Lima, autor y director del montaje, de buscar espacios escénicos no convencionales (los exteriores y diversas estancias de una casa o de un teatro) que condicionan el lenguaje escénico y, por lo tanto, la relación escena-público. El espectador asiste, junto a un narrador anciano que le guía por las diferentes salas, a las casi veinte escenas –la mayoría independientes entre sí; otras, el retrato de un instante– interpretadas entre seis actores.
Por lógica de espacio y por necesidad escénica, el aforo es reducido: el contradictorio objetivo es crear una atmósfera intimista que propicie la exhibición de una sexualidad explícita. Con la cercanía física entre los actores y público se rompe la tradicional barrera que hay entre ellos, de tal modo que desaparecen las conductas sociales propias del teatro a la italiana. Asimismo, al hacer partícipe al espectador del juego teatral como voyeur, este se contagia de los estados emocionales, se ve fagocitado por olores, sollozos, caricias y susurros que se pierden en el rudimentario juego de luces y sombras, acompasados por el sonido del chelo y el violín, que recrean valses y tangos, danzas de amantes.
Pornografía barata es, sobre todo, juego. Un juego activo a experimentar con los sentidos y la imaginación. El espectador debe poner las palabras a la escena de “Noche de bodas”, interpretada exclusivamente como un “concierto de risas, jadeos, respiraciones, gritos y roturas” (p. 270). Sospecha los movimientos de los cuerpos de la prostituta y su cliente tan solo desvelados de la oscuridad por breves e intermitentes destellos de luz. Disocia el diálogo activo de los personajes de sus acciones y verdaderos pensamientos, ejecutados en apartes en “Pensamientos”. Siente el deseo y la soledad de las masturbatorias escenas “Todo va mal” y “Un secreto”: la de él descriptiva de un culo femenino; la de ella, emocionalmente turbadora ejecutada con un pastel.

Junto al actor-personaje que le guía por las estancias, el voyeur comprueba cómo el ligero tono de comedia se torna grave a medida que los personajes abandonan la razón y liberan sus cuerpos. El candor despierta lo innombrable. Se escarba, a dentelladas, en los recovecos del deseo y el placer. Es entonces cuando aparecen las emociones y el juego se complica. La carnalidad sexual lleva al amor y este descubre las fragilidades, la ternura, las heridas de cada uno, el estar abocados al dolor y a la muerte. El desnudo físico, por lo tanto, supone más bien un desnudo emocional que destapa la humanidad de unos personajes que se desean, se enamoran, se agreden, se follan, se traicionan, se besan, se extrañan.
Los límites interpretativos están difusos. Sin duda, es sexo desde el juego del teatro -pero siempre teatro, no sexo. La implicación requerida y la dureza de este viaje es tal que durante los ensayos Andrés Lima trabaja en un principio, uno a uno, con la memoria corporal y emocional de los siete actores, pues los personajes no tienen una construcción psicológica, sino sensorial. “Estamos acostumbrados a entender solamente con la cabeza, pero se puede entender con todo el cuerpo”, afirma el director (p. 116). Y la cercanía con el público no permite el engaño.
La violencia, la humillación, el sexo, el poder son temas habituales en el teatro comprometido Animalario, que siempre busca ir más allá. El riesgo y, por qué no, la transgresión de poner en escena algo tan delicado de abordar en teatro como es el erotismo y el acto sexual, de manera tan cruda y honesta, es un acto de generosidad por parte de actores y director, pues comparten su vulnerabilidad con el espectador, quien adquiere conciencia de la suya propia.

“Si te muerdes el labio mientras follamos
Me gusta tanto como morderte el culo en las pausas.
Qué bonito es el amor.
Y qué culinario el deseo.
Si te como el coño y me sabe a queso,
Prefiero que te corras pronto,
O no, según el día.
Pero todo esto lo digo con amargura,
Porque los besos y todo lo demás,
Se olvida a qué saben”[2]



[1] Alejandro y Ana. Lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente, escrita por Juan Mayorga y Juan Cavestany fue un espectáculo de Animalario que abordaba desde un punto de vista interno, pero satírico, el pensamiento político de derechas. En estos tiempos en los que el teatro político es casi inexistente, la corrosiva y lúcida burla no pasó inadvertida ni por público, prensa o sector escénico en un momento de cierta convulsión social y política como fue 2003. El montaje fue premio Max de Teatro en 2004 y supuso tanto la consolidación como el reconocimiento de la compañía a nivel nacional.
[2] AA.VV., Animalario. Bonitas historias de entretenimiento sobre la humillación cotidiana de existir, Barcelona: Mondadori, 2005, pp. 262-276. Las cursivas de la cita son mías.